que llevo manejando, jamás había tenido que presentar ningún tipo de examen -fuera teórico o práctico- de manejo; es más, la primera vez que saqué mi licencia en Cuajimalpa, un oficial se tomó la molestia de hacer el examen por mí. Tiempo después... hasta licencia de chofer llegué a tener. Y claro, todo esto sucedía gracias al poder de Don Dinero.
Antes de mudarnos a Montréal, una de mis principales preocupaciones era renovar mi licencia que había expirado... ¡en el 2005!, pero entre la vendimia de muebles, el empacadero de chivas y el ir y venir de un lado para otro como locas, hizo que ese trámite lo dejara hasta un día hábil antes de subirnos al avión. Y para colmo, cuando finalmente decidí hacer el trámite de renovación, en todas las dependencias del gobierno del Estado, se había caído el sistema justo ese día. Así que me vine a Montréal, sin licencia vigente... por lo que no fue, precisamente, una de las cosas que me quitaron el sueño al llegar; tener que hacer el correspondiente trámite aquí.
Y bueno... a pesar de que la idea de Tamara es la de no tener auto aquí -porque no es necesario- conforme ha ido pasando el tiempo, he caído en la cuenta de que sí es muy necesario tener licencia en este país... aunque no tengamos auto. Así que me dí a la tarea de aprovechar el viaje fugaz que me chuté en septiembre a México el año pasado, para renovar mi licencia mexicana por un méndigo año y así poder sacar la de aquí.
Pero claro... pasó el tiempo, y yo nomás me hice pendeja. Eso de presentar exámenes, y peor aún, en otro idioma, me hacía entrar en pánico. Aparte, eso de estar escuchando historias de terror de gente que no aprobó en la primera vuelta, ni en la segunda, ni en la tercera... me ponía los pelos de punta. Y de no ser por la presión que ejerció el tío Humberto, a quien le agradezco infinitamente su terquedad, mi licencia mexicana, que ya expiró de nuevo, no hubiera servido para un carajo y yo hubiera seguido sin tener la che licencia quebeca.
Pero ya... finalmente la tengo. Y por primera vez en mi vida, tuve que presentar examen teórico y práctico. Y además... en francés. Y además... en ambos exámenes, hasta recibí felicitaciones y reconocimientos. Y tengo que destacar esto último, porque siempre ando diciéndome que soy una idiota y que no voy a poder lograr nunca nada... así que lo voy a recalcar pá que me quede claro: saqué mi licencia con excelencia.
Y héme aquí, bien guapérrima yo, que finalmente ya puedo conducir en Québec. Así que... agárrense, caones, que ahí les voy!
